oleada migratoria

Oleada migratoria

Dicen que será un verano largo y muy caluroso
y dicen que acabará a principio del otoño.
Que será un verano muy bonito, eso dicen.
Que el turista optará por la playa o la montaña
que la montaña será verde y alta
y el mar en calma y grande.

Antes de irme, yo os vi en medio del mar.
El mar estaba efectivamente en calma
y aún no era verano.
Ya erais muchos en medio del mar.

Decían: son atunes.
Decían: han capturado muchos atunes
y el turista comerá un buen atún
en las noches de verano.

Después de irme, yo os vi en la orilla del mar.
El mar estaba efectivamente en calma
y estábamos ya en pleno verano.
Ya erais demasiados en la orilla del mar.

Decían: son hombres.
Decían: han capturado muchos hombres
y el turista comerá un buen hombre
en estas noches de verano.

Al turista que os probó
no le gustasteis demasiado. Eso dicen.
Sin embargo dentro de su plato os fotografió, especialidad de la casa.
Hace frío.
¿Dónde estáis?
¿Os dijeron que cuando el verano se acaba
hay borrasca en el mar
¿y en nuestra casa se come un buen hombre congelado?

La verdad es tan banal en cada estación en nuestra casa
que no sirve para distinguir entre una cosa así como es
y una cosa así como pensamos que es.
Tan cotidiana esta verdad nuestra
que no sirve para comprender que es un hombre y que es un atún.


Era mayo de 2007 cuando vi por primera vez las imágenes de unos hombres africanos agarrados a unas jaulas de atunes en el Canal de Sicilia. En el intento de alcanzar Europa, no habían encontrado la última, ya de por sí desesperada orilla, sino una trampa para peces considerados preciosos por el mercado internacional.
Desde entonces esas imágenes se han repetido y hemos visto a los bañistas fotografiando a los que agonizaban en las playas y a los muertos arrastrados por la corriente. Hemos visto como ambos han sido dejados a merced del agua, como los ‘Caronte’ han sido condenados, como los necesitados han sido acogidos como mejor se podía. Lo hemos visto y todavía lo vemos, porque las travesías del Mediterráneo siguen, en cambio las historias de estos hombres ya ocupan sólo el débil espacio, y tiempo, de la crónica local o nacional.
Este poema se dirige a los que, a pesar de saber que los legendarios monstruos marinos esta vez son una realidad que hay que buscar y combatir por tierra, parecen olvidarse que en medio del mar suelen nacer, vivir, morir peces, como mucho sirenas, pero no hombres.
Oleada migratoria está dedicada a quien en el mare nostrum, en el camino hacia una nueva casa, encuentra el corazón de las tinieblas.



Text&Foto: Nicoletta De Boni. Trad. Ita-Esp: Nicoletta De Boni/Sara Delgado ©CAP Gazette
Julio 2014